Yemen atraviesa su mayor escalada militar desde la tregua de 2022, tras una cadena de ataques hutíes, operaciones de la coalición respaldada por Arabia Saudí y enfrentamientos con fuerzas del Gobierno reconocido internacionalmente.
El episodio más reciente se registró en la ciudad portuaria de Mokha, donde murieron siete personas cuatro militares y tres civiles y otras 30 resultaron heridas. Los combates también se extendieron hacia zonas cercanas a Taiz.
La crisis comenzó después de que se impidiera el aterrizaje en Saná de un vuelo procedente de Irán que transportaba a una delegación hutí. Desde entonces, los rebeldes han atacado posiciones militares y localidades saudíes, mientras la coalición ha respondido con operaciones en Hodeida y Kamaran.
El enviado de las Naciones Unidas para Yemen, Hans Grundberg, advirtió que los avances alcanzados desde la tregua están en peligro. La escalada también amenaza la navegación por el estrecho de Bab el Mandeb, una ruta estratégica para el comercio entre Asia y Europa.
Arabia Saudí busca proteger sus fronteras y activos energéticos sin involucrarse nuevamente en una intervención prolongada. Mientras tanto, la población yemení continúa enfrentando inseguridad alimentaria, desplazamientos y el deterioro de los servicios públicos.
La ONU y Omán intentan mantener abiertos los canales de negociación. Sin un acuerdo que detenga los ataques y proteja ciudades, puertos y rutas marítimas, Yemen podría regresar a una guerra abierta con consecuencias para toda la región y la economía mundial.




