Perú y México comenzaron a dar señales de acercamiento después de varios años de tensiones diplomáticas. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, confirmó contactos con el nuevo Gobierno peruano de Keiko Fujimori, mientras el canciller de Perú, Carlos Espá, expresó su disposición a reconstruir la relación bilateral.
Sheinbaum informó que el canciller mexicano, Roberto Velasco, conversó directamente con Fujimori y aseguró que ambos países están avanzando en sus contactos. Espá, por su parte, destacó los vínculos históricos y culturales entre las dos naciones y defendió la necesidad de retomar el diálogo.
Aunque estos gestos no representan todavía una normalización formal, marcan un cambio frente al clima de reproches, expulsiones y medidas recíprocas que predominó durante los últimos años.
La crisis comenzó tras la destitución del expresidente peruano Pedro Castillo, en diciembre de 2022. México mantuvo una posición favorable al exmandatario y ofreció protección a miembros de su familia. Lima consideró las declaraciones del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador como una intervención en los asuntos internos del país.
La disputa provocó la expulsión del embajador mexicano y afectó la coordinación dentro de la Alianza del Pacífico. El punto de mayor tensión se produjo en noviembre de 2025, cuando México concedió asilo diplomático a Betssy Chávez, exjefa del Consejo de Ministros investigada por su presunta participación en el intento de Castillo de disolver el Congreso.
Perú rompió entonces las relaciones diplomáticas y negó el salvoconducto solicitado para que Chávez pudiera abandonar el país. Brasil asumió la representación de los intereses mexicanos en territorio peruano y la custodia de las instalaciones diplomáticas.
El canciller Espá evitó anticipar la decisión del nuevo Gobierno sobre el salvoconducto. Señaló que el Consejo de Ministros evaluará el caso conforme al derecho internacional y a la Convención de Caracas de 1954.
El tratamiento del asilo será determinante para avanzar hacia el restablecimiento de las relaciones. Una posible salida consistiría en separar el proceso jurídico de la recuperación gradual de los canales diplomáticos y consulares.
La normalización también tendría efectos prácticos para los ciudadanos. México restableció en 2024 el requisito de visa para los peruanos, una medida que afectó el turismo, los negocios y los viajes familiares. La reanudación del diálogo permitiría revisar estas restricciones y fortalecer la cooperación en comercio, cultura, seguridad y migración.
El acercamiento también podría favorecer a la Alianza del Pacífico, integrada por Perú, México, Chile y Colombia. Las diferencias bilaterales debilitaron la coordinación del bloque y limitaron el avance de su agenda económica y comercial.
Los próximos pasos incluirían reuniones formales entre las cancillerías, la definición del estatus de las misiones diplomáticas, avances en el caso de Betssy Chávez y posibles medidas relacionadas con las visas y los servicios consulares.
Una eventual reunión entre Fujimori y Sheinbaum podría consolidar el acercamiento. Sin embargo, la recuperación plena de las relaciones dependerá de que los gestos políticos se conviertan en acuerdos concretos que devuelvan estabilidad y previsibilidad al vínculo bilateral.




